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El viento y la sombra en el barro

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La cola, por Carlo Amado.

Miro la cola en el banco de los jubilados. Es una imagen que tiene arraigo en la memoria colectiva: un indicio de que las cosas no cambian. Ni la pandemia pudo torcer esa triste imagen de abuelos y abuelas con frío y dolor por la espera de estar parados sabiendo que toda su vida de trabajo significa para el sistema una fila para esperar. No escribo esto para abrir una absurda dialéctica en una estéril grieta. Me quedo con los ojos de esos abuelos y abuelas. El camino a la deshumanización que transitamos tiene que tener un punto de inflexión al menos en este momento acuciante. El valor por la vida humana y la solidaridad deberían ser lo cotidiano y no una deuda de la democracia. Porque las personas creo, debiéramos reconocer en el otro un sentido de amor y colaboración para la realización de las personas. Y la solidaridad, como Eduardo Galeano la entendía, debiera ser de carácter horizontal entre los seres que se brindan unos en favor de otros. En esta coyuntura no busco hacer leña del árbol caído. Hay otros datos alentadores en esta cuarentena que nos posicionan como una sociedad solidaria y que cumplen con la misión democrática y participativa de cuidar al otre. Sigo con optimismo el desenvolvimiento de las políticas tomadas por el gobierno. Es cierto que la incertidumbre nos abruma, pero necesitamos de todos los artistas, políticos emergentes, comunicadores y ciudadanos, den la voz de alto a esta locura y podamos abrir los brazos de la solidaridad entre las naciones y regiones. Nos enfrentamos a un sinfín de contradicciones pero es el momento de pararnos sobre los valores de la vida y la solidaridad sin reparos. En Argentina necesitamos abandonar la grieta, las mezquindades y fortalecer las relaciones sociales y los vínculos.

Tengo sueños utópicos, de liberación y comunión con la humanidad. En lo pragmático, y urgente, considero que podemos repensarnos como sociedad en los próximos años. Lo más viable es un Estado solidario y no punitivo. Que aborde todas las necesidades de los habitantes e incluya de manera solidaria y definitiva a todes. Una medida que abrazaría un estado benefactor es saldar de una vez y para siempre la deuda social realizando un plan de ingresos para cada habitante del suelo argentino. Sea nativo o nacionalizado que viva en nuestra querida Argentina. Un nombre que me gusta es el de “Ingreso Universal por Ser Argentine”. Basado en la canasta básica familiar, ordenadores económicos de relevancia y todo lo relacionado con los ingresos familiares y habitacionales. Sería una readecuación a las formas redistributivas del ingreso vigentes y en concordancia con nuevos planteos de recaudación tributaria. Desde el más humilde al más acaudalado deberían recibir el IUSA. Aquellos que no tienen remuneración alguna o no están dentro del sistema, recibirían el importe en su totalidad y aquellos con ingresos superiores, se verían beneficiados por reducciones impositivas que contemplen los lazos solidarios entre los que más tienen con los que menos tienen. No soy economista, y no creo que sea el primero en pensar una idea semejante. Las políticas económicas de bienestar ya tienen más de cincuenta años de revisión pero sueño con un país más justo pero en lo inmediato. No dentro de cincuenta años. La revolución la podemos hacer con la panza llena de todos nuestros hijes. Pero esa revolución va a ser cultural, psicológica, social, etcétera, por decir algo.

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El mundo ausente, por Carlo Amado

Contagios

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Mirad la pared de mi prisión voluntaria y solidaria, me imagino esos lagos del sur argentino sin el desplazamientos de lanchas, o la reducción del smog en la bella Buenos Aires o en las principales ciudades capitales del mundo. Leí un artículo sobre los canales de Venezia, donde mostraban la vida marítima y las aguas transparentes por el efecto restrictivo de circular por la pandemia mundial. La caída del consumo de combustibles fósiles es estrepitosa como nunca antes se registró en el mundo. La producción acelerada por el consumo hace estragos y la tensión se genera entre aquellos que asumen que van a pérdida, aquellos que están sacando un rédito económico considerable por no decir obsceno con sus productos y servicios, y como siempre, los marginados que nada pueden hacer.

Supongamos que vendes agua. Bien de primera necesidad. Estas habilitado para funcionar como proveedor de un bien tan necesario como el agua. Ahora lo que no perciben los ejecutivos que realizan las medidas restrictivas es que los proveedores de aquellos que se dedican a la venta de agua están restringidos para trabajar. Estas cuestiones micro económicas no están saldadas y deberemos repensar muchísimas cuestiones en lo macro económico también. Se desploma la economía turística pero reflorecen los bosques y los animales andan sueltos en las reservas naturales del mundo sin ningún tipo de restricción para copular todo el día salvaguardando su especie. Bien, hasta se vio una familia de carpinchos en Nordelta por las redes. Cuando enumeras las consecuencias del consumo exacerbado, son inagotables los daños que recibimos de esos modelos económicos tan extractivos. Y bueno, ahora que pasó la psicosis colectiva y vemos que los muertos no se cuentan como de a millones, la cosquillita individualista empieza otra vez a diferenciar actores en pugna de un poder que va detrás del mandato social. “Bueno son los más viejos los que mueren y seguro tenían alguna afección previa”. Nos deshumanizamos con la excusa de que lo peor que puede pasar es que “la gente se muera de hambre si la economía no gira”. Todos los economistas y periodistas especializados se acuerdan ahora que existe un sector informal de dimensiones nunca antes vista, trabajando para sobrevivir en el país. Se cargan al hombro el compromiso simplista de la lucha por la supervivencia para que se deje todo librado a la suerte y sigamos nuestras vidas con el pretexto de que el asesinato de la economía se va a llevar más vidas que la pandemia. ¡Porque sólo se lleva a “a la gente de edad y con problemas inmunes previos”! Y lo dicen a lengua suelta por los medios.

Es momento de dejar de pensar en izquierdas y derechas, en liberales, zurdos o masoquistas. Asumo que el que cagaba en cualquier baño del mundo y viajaba sacándose miles de fotos porque el consumo de su esfuerzo se lo permitía, ahora tuvo que esperar días en aeropuertos para tomar algo de conciencia de que nada tiene de naife el turismo o el consumo. A ver, tenemos un desafío de aldea global. El virus nos expuso tanto que no podemos andar deambulando gratuitamente por el mundo porque estamos entre pandemias, aludes, tornados, huracanes e incendios y aún, seguimos con la idea bien pelotuda de que este país no te ofrece -a pesar de sus contradicciones- un lugar digno para vivir. Preferimos ir a cosechar kiwis a New Zeland como “sudacas” para sentirnos libres y aprender nunca un idioma. Limpiar una casa de australianos o cuidar niños en Alemania. Trabajos que aquí nunca los realizaríamos por cuestiones de clase. Dejemos de comer vidrio a nivel mundial hermanes. ¡Coño, Concha, Vagina! Cosechemos lo que sembremos. Tener un Ministerio de Salud, es glorioso, un Estado que reivindique la vida por sobre los intereses económicos es notable. Sigamos así y en consecuencia cuando se aclare el río y salgamos a dar vueltas por las ciudades y juntarnos entre todes, nos miremos a los ojos sabiendo que algo hemos cambiado hacia el futuro. Podremos abrazar políticas más humanas, más concientes que destierren el individualismo y nos organicen en prácticas de consensos más colectivas y empáticas con los otros de una buena vez por todas y para siempre. Al menos creo humildemente que tenemos esa oportunidad.

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En Casa

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El pasto, su aroma, con la lejanía es más pasto. El río con su recuerdo. Es algo más que el río. Y ni hablar cuando los recuerdos se borran. Hay fotos para ver. Mis viejos me mandan fotos de esas fotos que se revelaban. Que nos sorprendían al volver en un sobre color marrón de la casa de revelados. Ahora busco algún pendrive o cd en esos bolsos que todavía no desarmé luego de tantas mudanzas. Ahora no puedo mudarme. El aislamiento voluntario es paradójico y soberbio. La amenaza es invisible y las horas ya no tienen el registro habitual. Pero algo de pronto te recuerda que tu cuerpo contiene la tos, tus manos sudadas el registro viralmente potencial de hacer daño. Y si hay algo que nos encanta por más que nos sacuda es la culpa. Potencialmente entonces somos culpables. Entonces entre nuestros deseos y culpas nos absorbemos en las tecnologías para pasar las horas con la comida o el sexo. Cada uno se enfrenta a sus deseos y sus prohibiciones. Me interesan las interminables necesidades de libertad a la que el Ser se encuentra hasta el último suspiro y en cada acción o pensamiento como la condena a la libertad que Sartre nos invita a repensar una y otra vez. Empieza a irritar esa sensación de que bueno, hay gente que la pasa peor, al hecho de que hay que conformarse porque otras personas están privadas de la libertad en pabellones, sin sus afectos y en peligro por fumarse un porro u otras injusticias del sistema. El derrotero del destino se detiene pareciera con la culpa. No nos da la opción. Pero podemos todavía consumir cosas pienso, comprarlas con el dinero que se agota pero están las tarjetas y las transferencias también pienso. Para salir sólo a comprar. Otros, arriesgan con sus bicicletas una changa que los saque del encierro mordiendo la bronca de no saber donde obtener esa moneda que los haga poder regresar luego de comprar. Sin dudas, si como sociedad no pensamos relaciones más solidarias de acá en adelante, vamos a vivir bajo la sospecha en el encierro con todas sus formas y delegando siempre a los poderes económicos y vigilantes el resultado de nuestras vidas. Estoy en cuarentena voluntariamente. La sociedad nos pide eso con un sentido solidario. Sé que hay otros que no lo entienden y sólo ven el sentido punitivo. Confío en esta democracia con la intención de poner a la salud de la sociedad sobre otros aspectos de la vida social como la economía. Confío en los enfermeros, médicos y todo el personal de salud que está en su propio encierro. En cuarentena con el virus observándolos entre tubos de oxígeno y paredes de hospitales. Puedo imaginar a los trabajadores de la salud soñando con la libertad otra vez. muro-sartre

 

 

Es parte de la Religión

 

Yendo de la cama al living en esta cuarentena. Sí, pero lo bueno que no salió el 2 x 1 a represores y genocidas en Democracia. La invisibilización de los medios hegemónicos del golpe cívico-militar me despierta bronca y que exista cierta apatía cultural con la historia represiva de la Argentina no me sorprende más allá del contexto. La actualidad, de retenes y poderes especiales a las fuerzas federales me da asco. Todo se vuelve medio confuso. Pero esos sectores de la sociedad, vigilantes y siempre represores, hoy se vuelven “los trasgresores”. Más confuso. Practico el aislamiento voluntario y con deber cívico. Trato de ser implacable con mis alcoholes en gel y rutinas de asepsia pero este 24 de Marzo de 2020, puedo decir que luego de mucho tiempo, no pude ir a Plaza de Mayo con mis compañeres. No veo con claridad a quienes buscan poner como enemigos desde los medios centrales. Los enemigos siempre fueron los represores. Hoy la democracia se vuelve híbrida y policía. Entiendo el contexto. Entiendo mi deber como ciudadano de permanecer en cuarentena. Entiendo que estoy perdiendo ingresos y que sólo nos dicen que nos quedemos en casa. Lo voy a hacer. Ahora me alejo de los roles y salgo de la primera persona. Hay pobreza, hay gente en la calle porque no tiene donde hacer cuarentena. Es estúpido sólo pensar que la culpa la tiene alguien que viene con tablas de surf de Brasil y quiere llegar a su casa. Me gustaría saber donde estábamos todos cuando todo se fue a la mierda. Es cómodo empezar a putear “gentes” (desde las redes) que viajó al exterior y contagio a ciudadanos con imprudencia. Prefiero averiguar porque hubieron algunas estadísticas que no nos parecieron peligrosas en un sin fin de enfermedades como la tuberculosis, el HIV y el dengue en Misiones (de donde soy y no puedo salir al balcón sin ponerme repelente y prender espirales) o las razones por las cuales hay tantos accidentes de tránsito.

Estoy ciento por ciento acuerdo con el aislamiento voluntario. Pero no me imagino una sociedad donde debamos estar vigilados y castigados para el bien común. Seamos sensatos y colaboremos con los que nos toca. Para no terminar con la libertad. Colaboremos con el aislamiento VOLUNTARIO Y COMUNITARIO.

NUNCA MÁS. Nunca más el hambre en la Argentina también.

 

 

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CORONAVIRUS y Nuetra Isla.

Hoy son días de “cuarentena” que en realidad son algunos días hasta el 31 de marzo. Pienso en la desinformación circulante y en que hace tres años que no escribo en este blog. No sabemos si se leen los blog’s hoy en día. Y refiero en plural porque seguro hay grupos de personas que si lo hacen, leen a los otros con interés. Pensé cuando compartía mis versos en alguna conexión con los demás. De eso se trataba este espacio virtual Periplo de Luz. Hoy nos desborda la especulación y las noticias falsas. No nos podemos hacer el tiempo de leer el blog de otros porque la mayoría participamos de grupos y redes sociales que abruman con sus publicaciones y viralizaciones de contenido. El consumismo comunicativo llegó con la cuarentena obligatoria a su apogeo. El mundo depende de los medios de comunicación para informarse como si de eso dependiera su vida y los gobernantes se liberan de responsabilidades para convertirse en voceros de un desastre con poderes delegados a las fuerzas policiales y de control. Se confunde el asunto de la democracia entre tantos asuntos necios que pasean como desnudados con el sentido común la simplista idea de que el virus sólo ataca “los viejos”, mientras compran todos los tipos de productos de asepsia que pueden en largas filas. No les importa el otro que no puede estoquearse de los supermercados. Hay quienes piensan en las bondades de un enfriamiento de la economía capitalista, otros que analizan conspirativamente una guerra económica y geopolítica entre las potencias sin balas. Se comparan los experimentos que inocularon la sífilis a grupos vulnerables de la humanidad con las formas masivas de asesinar a media humanidad como si fuera una idea que se me ocurrió en este momento que vos lees. El sentido común impregna la doxa que se apoya en la aceptación de creencias paranormales que nos llegan con el apoyo “real” de la información multimedial y generan la psicosis colectiva, o la risa absurda del snobismo al que buena parte de la juventud fue expuesta para mantener el consumo con sentido de pertenencia dentro de un modelo  sin mirada critica o que se encuentra “cansada” de aquellos que insistimos en que la desigualdad es una de las raíces que no se puede in-visibilizar sobre los problemas que acucian al mundo. El egoísmo del consumo y la negación de lo colectivo, exponen con crudeza nuestras propias miserias ante el gran desafío global por mantener sanos a les otres con nuestro aislamiento voluntario. Cuidémonos, cuidando a les otres. Se puede ser cada vez más inclusivo desde el aislamiento. Pensando en les otres.Curiosidades-sobre-El-Principito

Otra vez a dar tumbos

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El pasado de los pelos son las canas del futuro, un intenso encuentro pretérito.

Apurado por bajar del colectivo

me olvide la cortesía por un instante

luego tus ojos me devolvieron

la dignidad y te alcance un pullover

tus ojos en la ruta me partían y

me baje en pedazos sangrando

rodando por los pastizales

al costado del camino.

Nada me borra esos ojos

ni siquiera no saber donde

voy a buscarme y pararme.

 

(Sueños del Yabebirí)

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L’avventura · Michelangelo Antonioni

-A las palomas las corremos en la plaza

acá no. La madre dice a su hijo pequeño

en un lugar donde no era una plaza.

 

Ella inquietó sus manos sobre el papel

y dijo: llueve a granel. Chasqueó la lengua

por un trueno las alarmas de los coches

resonaron sin tiempo para los ociosos

ni párpados… donde avecina un temporal

 

ya no hay lugar para los miedos (aquí no)

 

-¿Entendiste? preguntó la madre

sólo veo las palomas mientras

la gente corre. Los niños ríen

y el tiempo agota. Corre.

 

La ciudad es un muro para los miedos

donde nadie sabe que hacer ni a donde ir.

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Gabriele Ferzetti / Monica Vitti

Calle del abasto

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El sonido de las chicharras y el canto del último pájaro.

Por la calle del abasto vos fuiste viendo mis pasos

y no ves ayer ese cigarro que no me convidaste

tanta la sed que fue para otros tragos

no tengo mas yo me fui de aquí

cruce el charco

donde se fue la caña y la polaca

todos me dejaron aquí

cruzando el bajo

escuchando de ese candombe

fumando de ese rico tabaco

tomando unos mates amargos

ya se que fue

voy a vivir así

ya no me importa

no tengo excusas

se fueron para no acordarse

vienen a explicarnos seguido

hagan su camino rápido

no nos vamos a encontrar

carrusel celeste/tienen sus intereses

en este mundo dividido

dividido.

El río plateado y nocturno

El río plateado y nocturno

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Salen las mojarras al sol y brillan las escamas por el aire.

Camino por la costa distraídamente y vemos juntos el ocaso:

Vos hermosa me dejas sin palabras y te escucho y al viento

lo siento mezclarse con algo de tu aroma inolvidable y dulce

toco tu mejilla/tibia/se aleja/lejana/extraña/reservada/suave.

Camino por el agua y no me sumerjo sino que floto y así es

como veo la luna por fin aterrizada de manto plateado en la

negruna y crispada por la brisa superficie en la cual navego

con mis pies/No me detengas ni con la brisa ni con el miedo

la sensación placentera se extiende alejado de cada deseo

en una vuelta sonora/memorial sensación de aliento fresco

al llegar a la costa lo floreal y verdusca de los camalotes de

la ñacaniná escondida y de ojos relucientes que me esperan

cuando me adentro bajo los sauces llorones para no volver.

(Sueños del Yabebirí)

Puerta de papel

Puerta de papel

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¿EL INCIDENTE DEL ESPAGUETI?

La posibilidad es algo arbitrario y nada es relativo

lo contundente es un presagio de la inercia propia

por querer entenderlo siempre es loco  y es triste

las palabras parecieran que existen y piensan

por lo que vives detrás de tu última puerta libre

hay de esas de papel que se cierran con la brisa.
(canción subterránea)

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Empanada, el bollo preñao, la kreatopita, el Fatay, etc.